• David Placer

"No digas. No publiques"

Este jueves recibí con sorpresa la censura colectiva de un grupo de seguidores. Tras informar varias semanas sobre la detención masiva (y casi siempre injusta) de venezolanos en España, publiqué el testimonio de un venezolano que explicaba cómo, aun teniendo una licencia de conducir original en pdf, falsificó una plastificada en Colombia. (La plastificada se puede canjear en España. La de pdf, no).


El joven fue el primero en confesar algo que muchos sabíamos: que a pesar de la acusación injusta contra muchos

, hay otros que sí han cometido irregularidades. Y por ese motivo se activa la investigación policial que ahora afecta a todos.


Al margen del debate de las licencias, lo que me llamó la atención es la cascada de mensajes que me pedían no publicar ese tipo de historias porque “no aportan ni suman”.


Esta información “aporta” porque cuando un venezolano sepa que puede ser expulsado de España por falsificar una licencia, estará advertido. Y “suma” porque ratifica que la investigación policial no surge por casualidad, sino porque hay fraude real que la policía investiga.


Pedirle a un periodista que no entreviste a una persona que “fabricó” una licencia equivale a pedirle a un médico que no opere a un delincuente o a un abogado que no defienda a un evasor fiscal. El bombero siempre estará allí para apagar fuegos, el abogado para defender y el periodista para entrevistar.


El periodismo debe retratar la realidad con todas sus complejidades y contrastes. Porque los venezolanos formamos parte de ese país con hermosas selvas y majestuosas cascadas donde se esconden los pranes que saquean nuestro oro. De esa tierra próspera de gente preparada y emprendedora, hoy gobernada por un grupúsculo de criminales. De esos luchadores emigrantes que también pueden cruzar un semáforo en rojo o imprimirse una licencia de conducir fraudulenta.


Somos todo eso y más. Y tenemos que contarlo porque una sociedad informada y culta será mucho más sabia para tomar decisiones acertadas. Para el resto, para quienes sólo aceptan la visión sesgada de un país idílico, siempre les quedará Venezolana de Televisión.