• David Placer

Pablo Iglesias, que en paz descanse (en Galapagar)

El Chávez español, el hombre que agitó las protestas de 2011 contra los partidos tradicionales en España, se ha rendido. Hoy abandona el objetivo por el que luchó durante 10 años: ser presidente de España.


El vicepresidente Iglesias informó que deja el gobierno para ser candidato a la Comunidad de Madrid, donde sus posibilidades para ser presidente son casi nulas.


Pablo Iglesias ha dejado el relevo a Yolanda Díaz, ministra de Trabajo. En su despedida, hizo balance de sus 14 meses de gestión para autoelogiarse, pero no aclaró por qué deja el gobierno por un puesto de menor envergadura.


El líder de Podemos, que criticó a los poderosos que vivían en mansiones, terminó en una casa con piscina en Galapagar, una zona de alto standing en Madrid. El líder que denunció la falta de democracia de España fulminó a todos los críticos de su partido y designó a dedo a su sucesora.


Iglesias es el último damnificado entre los dirigentes del chavismo español que prometieron arrasarlo todo y terminaron chamuscados: Íñigo Errejón, Carolina Bescansa, Ramón Espinar, Juan Carlos Monedero... Elogiaron al chavismo, criticaron a los jueces y atacaron los 40 años de democracia que han dado a España la mayor prosperidad de su historia.


Diez años después de su llegada a la política, han terminado siendo víctimas de ellos mismos. De sus ambiciones, de su arrogancia. De su pertinaz empeño de pintar a España como un país arruinado y de venderse como los únicos salvadores.


Podemos se hunde en las encuestas y ya no es ni la sombra de lo que fue en 2011. La realidad los ha expulsado de su discurso. Ahora, Iglesias ya no agita protestas callejeras sino que ve series de Netflix en su mansión de Galapagar. Tras 14 meses como vicepresidente, luce cansado. Tal vez ha aprendido que es mucho más fácil atacar, crispar y dividir que gobernar, producir y gestionar.


Descansa en paz, Pablo. Descansa en Galapagar.